sábado, 29 de marzo de 2014
A veces...
Me pregunto donde estarás, si estás bien incluso me pregunto si me echas de menos. Quizás tenga días en los que la nostalgia se apodere de mi corazón de tal manera que hasta me duela, o quizás es que nunca te llegaste a ir. A veces siento que idealizo demasiado, y que en realidad no fue para tanto, pero la nostalgia no se me va, y yo no sé como echarla de mi lado. De vez en cuando busco otros labios que me den lo que tú ya no me das, pero no son los tuyos, ni siquiera se le parecen. Pero no solo busco otros besos curanderos, también busco la forma de buscarte hasta llegar a encontrarte y después contarte todo esto, pero sé que llegaría tarde. Perdí el tren que me llevaba a tu corazón, pero sigo esperándolo en el andén, con la mismas ganas del primer día o incluso más ganas pero no sirven de nada. A veces cogería los relojes de todo el mundo y atrasaría el tiempo hasta el momento en el que todo se rompió y haría lo imposible por recomponerlo pero se volvería a romper. Quizás el mundo está lleno de historias imposibles y esta sea una más para su colección.
miércoles, 26 de marzo de 2014
Es el momento
Es el momento de escribirte lo que nunca fui capaz de decirte, aunque sea tarde, escribir lo que ha sucedido en una carta que no te voy a mandar y que no vas a recibir nunca. Que como tú me enseñaste, cuando acabe de escribirla la quemaré, los sentimientos se pondrán a arder, y ese dolor, cómo era... Ah sí, ese dolor no se te queda tan dentro. Esta vez solo quiero ser clara, sería una imbécil si no gritara que me he equivocado desde el principio contigo. He intentado avanzar sin apartar antes las cosas que lo impedían, agarrada al pasado, mirando para atrás, queriendo olvidar pero sin parar de recordar, estaba empeñada en quedarme ahí. ¿Qué locura no? En medio de un lado y del otro, sin perdonar, sin perdonarme, sin avanzar... Ahora se que siempre te he querido, que hubiera parado el tiempo cada vez que te veía sonreír, ahora se que lo que me pasaba es que me acojonaba querer a alguien de verdad por miedo a que se fuera, y al final mi miedo se cumplió.
domingo, 23 de marzo de 2014
Al final, nos perdimos
No sé cuántas veces te he escrito, he perdido la cuenta. Prometí no volver a hacerlo, y aquí me tienes, perdiendo la cabeza una vez más. Voy sin rumbo, porque ningún destino me parece lo suficientemente bueno si tú no estás él. No solo he perdido la cuenta de todas las cartas que te escribo y nunca leerás, también de las veces que intentamos luchar sin éxito, de las guerras que siempre acaban con derrotas, de aquellos intentos que no sirvieron para nada, solo para herirnos un poco más. Pero a pesar de perderme un poco, me quedan nuestros recuerdos, y algunos tan buenos, que duelen. El problema es que siempre tendemos a recordar los malos momentos, y esos no te imaginas cuanto escuecen.
Recuerdo cuando creíamos que éramos invencibles, cuando con cada pequeño problema, nos volvíamos enormes, cuando después de cada enfado venían las mejores reconciliaciones. Y ahora se, que eso era vida. Después seguimos luchando, quizás con menos fuerza, pero si con ganas. Pero llego un punto, en el que la situación me venía grande. ¿Por qué no pude más? ¿Por qué no me di cuenta de todo lo que iba a pasar? Nunca lo sabré, pero siempre he pensado que nunca me merecí tener a alguien como tú en mi vida. Después recuerdo cuando tus ojos dejaron de brillar al verme, cuando se alejaban poco a poco y esta vez sin retorno, también recuerdo cuando mi sonrisa empezó a cansarse, y aun más cuando se esfumo del todo. Ahí fue cuando nos empecé a echar de menos. Luego llegaron las ojeras, pero esta vez, por distintos motivos, más tarde las lágrimas en la almohada, noche tras noche, mañana tras mañana. Era una tortura el saber que te estaba perdiendo, saber que estábamos ante el principio del fin. Y así poco a poco dejamos de ser nosotros y la magia se perdió por algún lugar al que no supimos ir. Y ahora, sin magia solo nos quedan las heridas de las guerras que perdimos, las cicatrices de un pasado que no volverá, las lágrimas que a veces salen sin darme cuenta al pensar en lo que fuimos, los recuerdos de aquellos momentos que nos dieron la vida. Y un montón de razones para darnos cuenta de que al final, perdimos.
Recuerdo cuando creíamos que éramos invencibles, cuando con cada pequeño problema, nos volvíamos enormes, cuando después de cada enfado venían las mejores reconciliaciones. Y ahora se, que eso era vida. Después seguimos luchando, quizás con menos fuerza, pero si con ganas. Pero llego un punto, en el que la situación me venía grande. ¿Por qué no pude más? ¿Por qué no me di cuenta de todo lo que iba a pasar? Nunca lo sabré, pero siempre he pensado que nunca me merecí tener a alguien como tú en mi vida. Después recuerdo cuando tus ojos dejaron de brillar al verme, cuando se alejaban poco a poco y esta vez sin retorno, también recuerdo cuando mi sonrisa empezó a cansarse, y aun más cuando se esfumo del todo. Ahí fue cuando nos empecé a echar de menos. Luego llegaron las ojeras, pero esta vez, por distintos motivos, más tarde las lágrimas en la almohada, noche tras noche, mañana tras mañana. Era una tortura el saber que te estaba perdiendo, saber que estábamos ante el principio del fin. Y así poco a poco dejamos de ser nosotros y la magia se perdió por algún lugar al que no supimos ir. Y ahora, sin magia solo nos quedan las heridas de las guerras que perdimos, las cicatrices de un pasado que no volverá, las lágrimas que a veces salen sin darme cuenta al pensar en lo que fuimos, los recuerdos de aquellos momentos que nos dieron la vida. Y un montón de razones para darnos cuenta de que al final, perdimos.
jueves, 20 de marzo de 2014
¿Que estoy haciendo?
La pregunta es sencilla: ¿Qué estoy haciendo con mi vida?
19 años si, pero ¿por qué estoy viviendo como no quiero vivir? Tendríais que ver mi vida…¿Qué es lo más emocionante que me pasa en un día normal? Pues la respuesta perfectamente podría ser: que alguien me envíe una vida de Candy Crush. Y es que esos son mis días, no hay más. Y cuando digo días, incluyo los fines de semana.
No hay nada.
No existen los días de irte de compras con tus amigas, no existen los días de cine, de bolera, de cerveza y un billar, los días de fiesta, los días de cumpleaños sorpresa, los días de cena entre amigos, los días de salir muchos tomarse algo y quedarte hasta las tantas hablando de idioteces. No existen las noches de pijama con palomitas y chocolate, no existen los días de campo, los veranos en el parque de atracciones, los días de verano sin que alguien se queje de que no quiere estar aquí.
Por eso último es lo que más duele.
Que te recuerden que no hay nada, que esto es lo más aburrido, que no saben como lo aguantas, que se quieren ir, que prefieren el invierno al verano. Y todos sabemos lo que significa esa frase.
Y aquí estoy yo
Tampoco existen los días de “eres una más” porque en dos años y medio no sabes por qué pero no eres una más. Y no sabes qué hacer, ni que decir para encajar porque ya lo has hecho todo. Ni sabes por qué aunque llevas tanto tiempo saliendo cada fin de semana siguen considerándome la novia de- y echan en cara que siempre salgo.
¿Cuál es la solución?
No quiero dar pena, no quiero contar nada porque de verdad sentiría que me consuelan un día como una imbécil pobrecita y al día siguiente vuelvo a no existir. Porque te enteras de sus vidas por otras personas, porque no confiarían en ti.
¿Soy yo la culpable?
Quizás debería planteármelo así. Y sé que las lágrimas diarias no sirven para nada, que mi carrera es complicada y requiere sacrificios pero ¿de verdad son necesarios tantos? De verdad no puedo tener alegrías como el resto de la gente de mi edad, tener algo que contar que no sea mis estudios, tener una risa a carcajadas.
¿Dónde está mi sonrisa?
Sinceramente creo que la perdí hace tiempo y sinceramente también, me gustaría recuperarla. Recuperar mis días, tener un grupo de amigos.
Quiero una vida feliz. Creo que es justo que lo pida.
lunes, 17 de marzo de 2014
Vida, burbujas y locuras
La vida es una locura, todavia no soy capaz de explicar porque las personas somos tan diferentes, porque si a unos les molesta caer, a otros les gusta empujar, y porque hay niños que nacen con un ferrari bajo el brazo, y otros no tienen dinero ni para coger el autobús, la vida me habrá enseñado muchas cosas, pero si es verdad que hay algunas que no he entendido o que simplemente se me escapan, como el porque de las cosas, los problemas, imaginos que muchos nos habremos preguntado, pero... porque a mi? y seguramente un 90% de vosotros no ha encontrado explicación alguna, la voda nos envuelve de tal manera , que la burbuja que nos protege no nos deja ir más allá de la pregunta, es una locura decir que no hay explicación, porque aunque no las encontremos si que las hay, siempre hay una explicación para todo, y yo quiero encontrarlas, no quiero quedarme de brazos cruzados viendo como la gente cae como las piezas de un domino.
"y si enloquezco que mas da, al fin y al cabo la vida es una locura"
viernes, 14 de marzo de 2014
Plantale una sonrisa al mundo
Se puede decir, que la vida me ha dado muchos palos, y con ellos me hice una cabaña. También tengo las piernas llena de moratones morales: he caído un montón de veces, pero bueno, lo mejor es que aquí estoy y me he levantado un montón de veces más. Incluso he conseguido recoger todos y cada uno de los pedazos de mi corazón rotos y los he podido pegar con celo y un poco de super glue, y aún sigue funcionando, aunque con fallos. Ya sé, no hace falta que me lo recordéis, que soy muy borde y que tengo muy mala ostia por la mañana, pero es que entramos al colegio muy temprano. Sé que me enfado con facilidad con la persona que quizás menos se lo merece, porque me saca mis mejores sonrisas, pero es que todo lo que me diga, yo me lo tomo multiplicado por mil. Tengo muy claras mis intenciones: quiero vivir la vida libre y sin presiones. Porque soy una chica tranquila, soy una yonqui de la vida, la quiero vivir al máximo porque pienso que la vida dura dos días, y alguno tendremos que dormir, así que los problemas se afrontan con una sonrisa, y así todo saldrá mejor.
martes, 11 de marzo de 2014
Nos enfrentamos diariamente al llamado tic-tac de la vida
Mañana es sinónimo de un día menos. Ayer es el recuerdo de lo que fue y ya no será. Y el hoy es tan efímero que lo único que puedes hacer es poner tus sentidos para guardar en la memoria un tiempo que automáticamente se convertirá en pasado. Porque la vida es ver como en un abrir y cerrar de ojos el ahora se convierte en antes, y el después en ahora, para sucesivamente ir dejando todo atrás. Nos enfrentamos al tic-tac conscientes de que somos indefensos ante él, y aún así nos empeñamos en cargar a nuestra espalda el dolor que supone un tiempo que se nos va, un libro que nunca tendra segunda parte o un punto y final que estamos obligados a escribir. Y poco a poco olvidamos que por mucho que lo intentemos es imposible volver al pasado, o cambiar el sentido de las agujas del reloj, borrar los errores que cometimos, o revivir un momento en el que nos gustaría habernos quedado para siempre: dejando escapar gran parte de nuestra vida buscando la manera de congelar el presente.Dejemos huella para aquellos que vengan, para que trazen una linea nueva y nuestro punto y final se convierta en un punto y seguido, para que cada vez que abramos el álbum de nuestra memoria nos sintamos orgullosos de lo que hemos hecho. Para poder decir algun día, que sentimos nostalgia por cada una de las sonrisas que hemos exprimido a lo largo de la vida. Porque lo importante no es el pudo haber sido y nunca fue, sino el puede ser, y seguro que así será.
sábado, 8 de marzo de 2014
Y más letras
Escribo cuando no queda nadie en quien confiar. Cuando estoy triste, y muy pocas veces, cuando estoy feliz. Escribo por necesidad y en ocasiones, me veo obligada a hacerlo para no volverme loca. Escribo lo que siento, lo que se me pasa por el corazón, y casi siempre, movida por impulsos. También escribo momentos, esos que la gente suele olvidar pero yo convierto en letras. Escribo para nadie, alguna que otra ocasión para mí misma. También cuando no tengo el valor de decir las cosas a la cara. Escribo porque cuando hablo nadie me entiende. Escribo porque soy demasiado nerviosa, y es lo único capaz de hacer que me siente más de cinco minutos seguidos. Escribo porque es mi forma de llorar y de reír a carcajadas. Escribo porque la vida es mucho más bonita cuando podemos leerla. Escribo porque es lo único que aún tengo ganas de seguir haciendo cada día. Escribo porque cada palabra me llena de ilusión y sueños (muchos sueños). Porque desde que aprendí a escribir, escribo. Escribo porque los números no se me dan demasiado bien. Escribo porque tengo memoria de pez. También porque otros cantan, dibujan, interpretan; y yo escribo. Escribo para pintar sonrisas. Escribo porque no soy más que letras. Escribo, no sé porque, pero escribo.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Perdida...
¿Sabes que es lo que busco? Un sueño que me motive, que me devuelva todas las sonrisas que he perdido, una ráfaga de aire fresco que me haga libre, tener un olor especial que me recuerde a alguien especial, un día que me sepa a perfecto, salir de este pozo, este agujero negro que no me permite ver la luz, que está acabando conmigo poco a poco.Como cuando se consume una vela y llega el momento en el que la llama se queda sin aire y se apaga. Como cuando una madera arde y se reduce a cenizas.Soy como esa cera fundida, esas cenizas que desaparecen con el viento.Pido ayuda, al mundo, necesito alguien que me diga que yo puedo, que no debo rendirme. Alguien que no se arrime a mi por mi físico, por conveniencia o interés propio.No quiero que me restrieguen su felicidad falsa, sus amores de mentira, ¡No sienten nada! Es solo estar por estar. Es creerse superior, siendo todos iguales. No quiero que me cuenten los estúpidos problemas provocados por si mismos. Quiero que me cuenten si de verdad algo les preocupa o verdaderamente están mal.No se a donde ir, ni a quien recurrir. Estoy desorientada, perdida.
domingo, 2 de marzo de 2014
Lo que no te mata, te hace más hijo de puta.
En el fondo, a todos nos gusta pensar que somos fuertes. Que vamos a poder con todo lo que nos venga encima, que pudimos con lo de ayer y que podremos también con lo de mañana. Pero más en el fondo, sabemos que eso no es verdad. Porque ser fuerte no consiste en ponerse una armadura antirrobo ni en esconderse detrás de un disfraz; ser fuerte consiste en asimilarlo. En asimilar el dolor y en digerirlo, y eso no se consigue de un día para otro, se consigue con el tiempo. Pero como por naturaleza solemos ser impacientes y no nos gusta esperar, escogemos el camino corto. Escogemos el camino de disfrazarnos de algo que no somos y disimular. Sobretodo disimular.Si, a todos nos gusta disimular los golpes, sonreír delante del espejo y salir a la calle pisando fuerte, para que nadie note que en realidad, lo que nos pasa de verdad, es que estamos rotos por dentro. Tan rotos que ocupamos nuestro tiempo con cualquier estupidez con tal de no pensar en ello, porque el simple hecho de pensarlo hace que duela. Pero a veces, bueno… a veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte, bajar la guardia y darte una tregua. Está bien bajar la guardia de vez en cuando. No queremos hacerlo porque eso supone tener un día triste, uno de esos viernes que saben a domingo, un día de esos que duelen, de recordar y echar de menos. A los que ya no están, y a los que están, pero lejos. Sin embargo, hay momentos que es lo mejor que puedes hacer: darte una tregua. Poner tu lista de reproducción favorita, tumbarte en la cama, y si hace falta llorar. Llorar todo lo que haga falta. Eso no nos hace menos fuertes; eso es lo que nos hace humanos
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