miércoles, 30 de julio de 2014

Lo que nos enseñan los perros sobre el amor verdadero

Ante las frases que exaltan el amor perruno, siempre hay alguien que dice: “qué exageración”. Pero lo tengo comprobado, los que dicen eso no tienen perro. Hay que tenerlo para descubrir la autenticidad de su amor, para darte cuenta de hasta qué punto son nuestros mejores amigos.

El mío llegó hará cosa de tres años. Era un cachorro mestizo, una bolita de pelo negra que pugnaba por salir de la jaula y comerte a lengüetazos. Con lo grande que soy y me derrito con esas cosas. El flechazo fue instantáneo.
Luego vino el inevitable periodo de adaptación. Ya no es tan mono cuando se mea en la alfombra o se caga en la cocina. Ni cuando te despierta a las tantas ladrando. Pero es tu responsabilidad, así que si se mea, coges la fregona; si se caga, la escoba; y si ladra, te levantas y le regañas hasta que se calle. Paciencia. Mucha paciencia.

Al final, el perrito aprende y se convierte en parte de la rutina. Los paseos, la comida y la consulta del veterinario. Su cojín ya forma parte del decorado de la casa. Su comedero y bebedero son tan cucos que no imaginas un salón sin ellos.
Simple rutina… o eso te crees tú.

Porque cuando vuelves a casa después de un día duro, hasta las narices de la vida y sin ganas de nada, el muy canalla se las apaña para arrancarte una sonrisa. Te mira con esos ojos de cordero degollado y se pone a dos patas, tratando inútilmente de alcanzarte. Inútil pero cómicamente. Cuando al fin cedes a sus ruegos, te ducha literalmente las manos y se retuerce entre ellas, haciendo cabriolas imposibles con tal de que le rasques detrás de la oreja.
Luego te trae su muñeco, destrozado tras tantos meneos, y sus ojillos te piden a gritos que se lo lances. Y tú lo haces, porque verlo correr detrás de él te hace una gracia…Después de la cuarta o quinta vez, le dices que estás cansado, que te tienes que cambiar. Y él, obediente, se va al cojín a seguir mordisqueando al pobre peluche.

Podría hablaros de esas veces en las que he estado realmente deprimida. O de cuando hemos recibido visita. O de cuando hemos tenido que llevarlo de viaje y tú, con esa voz de pito, intentas explicarle que no vas a dejarlo en el transportín. En todos y cada uno de esos momentos, descubres un brillo tras los ojos de tu perro que es casi humano. Puede que no entienda tus palabras, pero percibe lo que quieres decir; a menudo, mucho mejor que la mayoría de las personas.
Y cuando luego faltan, por cualquier motivo, descubres el enorme hueco que dejan. Te descubres mirando al suelo en busca de él, llamándole cuando llegas a casa y despidiéndote al salir. Descubres que echas muchísimo de menos esa cosa peluda a la que has aprendido a querer.

Puede que los humanos seamos la cumbre de la evolución, pero después de tantos siglos, todavía no hemos aprendido de nuestros hermanos menores. No hemos aprendido a querer a una persona aunque ella no nos quiera. No hemos aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas. No hemos aprendido a tener la paciencia de soportar los castigos que, en el fondo, sabemos que son por nuestro bien. No hemos aprendido a confiar en las personas que cuidan de nosotros.

Por eso, a veces creo que los únicos que saben de amor verdadero son los perros. Por eso me dan ganas de decirles cuatro cosas a quienes no lo entienden y, encima, ni siquiera lo han experimentado.

Te animo a que adoptes un perro. Te animo a descubrir la verdad del refrán: El perro es el mejor amigo del hombre.

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domingo, 27 de julio de 2014

No todos los hombres son iguales, algunos también saben amar

Cuando escucho a una mujer decir que “todos los hombres son iguales” me da mucho por pensar en qué se basa para hacer tal afirmación, ¿será realmente que los conoce a todos? Es que digo, si no es así, por qué generalizar de tal manera. 
El amor, contrariamente de lo que pensamos la mayoría, no es sólo cosa de mujeres. Aunque os parezca mentira, en el siglo XXI, sigue habiendo hombres de carne y hueso que aman, que sufren, que lloran, que se decepcionan, pero sobre todo, que quieren ser amados. Y me consta, yo, conozco a varios. Y me consta, porque los he visto amar como los que más.
Sí, es verdad, ellos tratarán de esconder y aparentar que no sufren de inseguridad, complejos o miedos, y asegurarán que no guardan secretos. Sin embargo…¿acaso no son seres humanos al igual que nosotras?. A ellos se les ha obligado (al menos moral y socialmente) a nunca mostrar sentimientos “débiles” o negativos. Porque según esto no sería un hombre de verdad. Cuántas veces no señalan a los hombres fieles y entregados haciéndolos quedar como imbéciles por no aprovechar las nalgas que les ofrecen. Creo que de sobra ya sabemos qué actitudes se hacen notar y forzar a tener a los hombres hoy en día.

Pero no nos engañemos, los hombres también tiene miedos, angustias, momentos alegres y tristes (No hay que generalizar, los estereotipos son aberrantes para cualquier sexo). También lloran, les duele algo… es sólo que a veces, se ocultan para llorar o lo hacen de noche. Hay hombres que de verdad reprimen tanto su llanto que matan su sensibilidad, por lo que se vuelven fríos, secos muertos y estos sí, difícilmente lloran. Sencillamente, ellos la tristeza la muestran de modos muy diferentes a los que se podría esperar.
Hay hombres que necesitan amor y le ponen amor a todo lo que hacen. Hay hombres que sienten flechazos y se enamoran en un instante. Hay hombres que se angustian esperando una respuesta. Hay hombres que se reservan para una mujer especial y hombres a los que le rompen el corazón. Hay hombres que lloran y que no olvidan a pesar del tiempo y la distancia. Hay hombres que son utilizados por las mujeres e, incluso, despreciados. Hay hombres que cuestionan a las mujeres el significado del amor. Y hombres que creen en el amor dividido, el del cuerpo y el del alma.Hay hombres que veneran a sus madres y con ellas se confiesan. Hay hombres que escriben poemas. Hay hombres que llevan la cuenta de las mujeres que pasan por su vida, recuerdan los detalles y los anotan en un diario. Hay hombres a los que les emociona que otros se amen;hombres enamorados del amor. Hay hombres que no se conforman con la intimidad, se sienten vacíos y necesitan algo más. Hay hombres que aman en silencio. Hay hombres que son felices cuando ella lo es. Hay hombres dispuestos a esperar más de cincuenta años por el amor de su vida.
  
Hay hombres que no buscan en una mujer sólo una noche de placer, buscan una noche para querer, para amar, les interesa algo puro y verdadero. Hay hombres que saben tratar y sobre todo respetar a una mujer, saben darle sentido al amor, incluso dejan de hacer lo que es primero, para darle el primer lugar a la mujer que aman. Hay hombres que saben ver más allá de lo físico, que saben de ternura y corazones sinceros, que saben ser vulnerables y entregar su alma, hombres que también hacen suyo el dolor de su mujer. Hay hombres que recogen a esas mujeres rotas y las recomponen -o intentan recomponerlas- con su dedicación, con sus mimos y un amor infinito.

Quizá no todos los hombres son tan sensibles, pero muchos confiesan que aman los abrazos fuertes y los besos con ternura. Abrazarse con su pareja en la obscuridad y una buena música de fondo también es agradable para ellos. También a ellos les gusta abrazar a una mujer en la cama o el sofá, porque saben que eso a las mujeres nos hace sentirnos más seguras de la relación.
En lo que sí hago énfasis, es que los hombres tienen una facilidad digna de estudio científico de reconstruir sus vidas o demostrar lo bien que lo están pasando sin nosotras al terminar una relación, pero no es así, para ellos tampoco es tan sencillo recuperarse fácilmente de una ruptura amorosa, puede que se estén cayendo de dolor, es sólo que son más razonables para afrontarlo.
En fin. Los hombres también sienten y expresan, tal vez no como las mujeres ni como parece que debería salir una emoción.Pero lo hacen.

La proxima vez que quieras decir que todos los hombres son iguales, mejor di: “no, no todos son iguales, los busco iguales.”

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jueves, 24 de julio de 2014

Disfruta del vértigo

En la sociedad del vértigo, en vez de enseñarnos a disfrutar del camino, nos educan en las prisas por llegar. Alguien debería recordarnos que caer en picado ocurre, que lo contrario de fracasar es no haberlo intentado y que el destino no es a donde vas, sino a donde llegas. Intentarlo es fácil, eso podemos hacerlo todos; conseguirlo ya no lo es tanto. Por el camino se quedaron los que pensaron que vértigo es sinónimo de miedo.

Hay que sentir vértigo, del bueno, del que seduce, porque sentir vértigo no es asomarse a la incertidumbre y temer la caída: es experimentar atracción por la profundidad que se abre ante nosotros; es ser conscientes de que caer es posible. Porque el vértigo no es mirar hacia abajo y plantearte el fracaso, es levantar la cabeza y preguntarte cómo narices vas a subir tan alto, pero sabiendo que al llegar habrá valido la pena.

«Haz que tus piernas tiemblen al asomarte a tus sueños»


Dicen los que saben que el vértigo es una sensación ilusoria que implica movimiento. Sí, has leído bien: el vértigo es una ilusión, una trampa, una mentira que nosotros mismos nos creemos para creer que estamos haciendo algo. Esa definición se la vamos a regalar a los que viven por inercia, a los que creen que el movimiento implica cambio y que la felicidad es un estado de ánimo y no una forma de vida. Toda para ellos.


Nosotros, en cambio, vamos a disfrutar de la incertidumbre. Los puntos finales facilitan demasiado la vida: se acabó y punto, a otra cosa. Por el contrario, los puntos suspensivos hacen de nosotros lo que realmente somos: seres inciertos y llenos de dudas. Porque dudar no es malo, tenlo claro. El “y si…” y el “y por qué no…” han cambiado el mundo a base de derrumbar certezas una a una; han hecho más por la sociedad que el “no y punto”. Cuestiónate el equilibrio, plántate ante él y cuando te pregunten por tus planes de futuro dirás “todos”.

Todos nos volvemos fácilmente explicables cuando sabemos vernos reflejados en las palabras de otro. Quédate con lo que tú quieras, pero quédate con algo. Si te subes a tus sueños y sientes vértigo, alégrate: estás vivo y buscas un cambio. Si pierdes el equilibrio y te acabas cayendo, sonríe: las decepciones existen. Y no pasa nada, lo has intentado. Eso sí, si después de reflexionar conmigo crees que el vértigo sigue siendo algo de lo que asustarse, recuerda que lo contrario del fracaso es no haberlo intentado.

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lunes, 21 de julio de 2014

KM0 - La subasta de mi vida

Hoy me apetece subastar lo que siento. Y no para deshacerme de ello, sino para venderlo al mejor postor. Hoy decido que lo viejo, todo lo que he sentido hasta ahora, lo reúno en esta habitación. Todo aquello que he vivido, todo aquello que he pensado, todo aquello que he sentido no es más que lo que soy. Por lo tanto, reciclemos lo viejo, que no por antiguo inútil, y transformémoslo juntos en un nuevo proyecto de vida.

Para ser el mejor postor, te invito a que comiences a conocer el motivo de esta subasta. Por ello, hoy pongo a tu disposición unos cuantos artículos en venta, que no por extraños, son menos interesantes. Aun así, existen algunas condiciones, te explico;

Vendo todas las lágrimas que he llorado por todas las sonrisas que me puedas provocar. Así, serás también capaz de entender el punto de inflexión existente entre el momento en el que escuches el sonido de un lamento o, en cambio, el de una carcajada. Vendo los insultos que he escuchado por palabras que me enciendan el alma. Vendo todo lo que he callado por espacios comunes de reflexión contigo. Vendo las promesas por hechos, por intentos, por esfuerzos. Vendo los celos por confianza, y la frustración por esperanza. Te vendo todo el aburrimiento sentido por toda la curiosidad que puedas transmitirme, y todo el desconocimiento por todo aquello que puedas enseñarme. Vendo mis pesadillas por nuevos sueños, y cualquier "no te arriesgues" por un solo "inténtalo". Vendo todo el pesimismo de mi alrededor por tus futuras dosis de realidad dulcificada y, sobre todo, vendo todo el conformismo por muchas dosis de iniciativa.

Te invito a que aprendas el significado de las palabras más importantes y las que más vas a necesitar para apostar en esta subasta. Te doy una pista: una de ellas es el respeto. Te invito a escribir esta historia en común. Por este motivo, vendo mis monólogos por nuestros futuros diálogos, y mi butaca del comedor por un lado del sofá. A decir verdad, vendo también todos aquellos postores que te acompañan como rivales en esta habitación si pretenden comprar cualquiera de estas cosas con el bolsillo lleno. Vendo todo su dinero por un corazón sin carencias.

En realidad, ya no incluso vendo, sino que regalo. Te regalo todo aquello que ofrezco si vienes desnudo de miedos, sin bolsillos rebosantes de mentiras, sin los ojos que observan a través de los cristales de las segundas intenciones, sin auriculares que enciendan su música cada vez que escuchen algo que no quieran oír.

Para ser el mejor postor, amigo, acércate con los brazos abiertos y los pies descalzos. No te preocupes por las heridas, ni las que tienes ni las que tendrás. Antes de que empezara la subasta ya preparé en una habitación todo aquello necesario para primeros auxilios, y te aseguro que en el botiquín nos sobran las tiritas. Además, no te preocupes por las heridas, porque a base de buenas curas, incluso las peores, cicatrizan.

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viernes, 18 de julio de 2014

El amor es para valientes

Existen muchas maneras de querer. Casi todos somos capaces de, en mayor o menor medida, sentir amor por alguien. Sin embargo, enamorarse supone llegar al punto más alto de la cima de la montaña de este tipo de sentimiento, plantar la bandera con tu nombre, balancearte de un lado al otro mientras bailas a pata coja y te sostienes con un solo pie, perder el equilibrio por momentos y, aún así, no sentir miedo ante la posible caída. Independientemente de cuánto dure esta sensación.
Por eso, enamorarse es de valientes.
Porque te acarician estas sensaciones cuando eres capaz de deshacerte de todas tus protecciones. Porque sucede en el momento en el que te das cuenta de que la persona a la que quieres tiene en una mano el poder para hacerte daño y en la otra toda la confianza que has decidido depositar en ella.
Enamorarse es volver a hablar con la entonación de un niño, pero desde la madurez de un lenguaje adulto. Es plantearse envejecer al lado de una persona y soñar una vida en común con ella. Es elegir una opción y rechazar veinte, y aún así sentir que sales ganando. Enamorarse es, como dice la palabra, llenarse de amor a uno mismo. Es tener el espacio y la capacidad para poder sentirlo, estar preparado emocionalmente para soportarlo.
Por eso, te enamoras cuando no te avergüenzas de lo que sientes. Cuando te das cuenta, al fin y al cabo, de que no eres tan egocéntrico como creías ser y que el foco de tu vida ya no sólo te ilumina a ti. Es reconocer tu admiración por otra persona. Ser consciente de que eres fuerte cuando eres dueño de tus elecciones, pero también vulnerable ante las suyas.
Enamorarse implica dejar paso al descontrol y recibir un poco de locura. Arriesgarse a ser sincero consigo mismo y con el otro. Es una mezcla de emociones entre las que conviven la paz y el caos. Es sentirse en sintonía con el mundo y en armonía con uno mismo. Enamorarse es aquella pequeña mitad negra del símbolo del Ying Yang, donde en medio de todo el negror, se vislumbra un punto blanco. Por lo tanto, es verle el lado positivo a todas las desgracias, es encontrar toda la fuerza disponible e inventarse incluso la inexistente para que la relación funcione. Y es que este sentimiento aparece cuando te pierdes desde todos los puntos cardinales posibles y los reinventas. Cuando los rediriges y las flechas de tu brújula sólo os apuntan a vosotros dos y a todo aquello que puede haceros posible como pareja. Es confiar y volverse inteligente, es no dejar que manipulen lo que piensas, no dejar que intenten decidir por vosotros. Es ilusionarse ante la mínima posibilidad de compartir experiencias con ella, es emocionarse al recordar.
Y es que, de este modo, sucede que te vuelves un experto en pensar e intuir los pensamientos, deseos y emociones del otro. Sucede que extrañas a una persona incluso teniéndola al lado, experimentando un tipo de melancolía anticipada cuando duerme contigo. Que sientes vacío incluso con la mayor sensación de plenitud, por miedo a que algún día esa sensación te falte.
Enamorarse es dolor por no estar acostumbrado a sentir tanto. Es inventarse la expresión “llorar de amor” y colocarlo entre “llorar de felicidad” y “llorar de pena”. Porque si sólo de ti dependiera, echarías abajo el ancla de tu vida y la amarrarías a la suya para siempre. Enamorarse es cubrir al otro de promesas, porque es la única manera que tienes de demostrarle en presente que piensas en un futuro junto a él.
Es volver a empezar y a aprender de nuevo. No cansarte de experimentar con tus sentidos. Enamorarse es que tus ojos se tropiecen con cada parte de su cuerpo, es la hipersensibilidad de tu piel cada vez que te toca. Es descubrir el sabor más dulce en sus labios y desear escuchar su voz en todas las tonalidades y circunstancias.
Enamorarse es dormir y apoyar la cabeza en la misma almohada para que el olor de su pelo te evoque su imagen cada noche en la que te falta. Es darle un poco más de sentido a todo. Es sonreírte a ti mismo, sentirte inspirado con la vida. Es no encontrar las palabras que lo definan o, sin embargo, empezar a describirlo y que no te quepan. Es descubrir tu propio romanticismo y sorprenderte con él.
Enamorarse es construir un mundo paralelo y en común con el otro, donde compartir lo más sincero de cada uno. Es no tener la necesidad de cambiar nada de él, ser capaz de aceptarle tal y como es. Es aceptarte a ti mismo y convencerte de que te pueden querer también a ti por tal y como tú eres y que, sobre todo, te lo mereces. Es dejar que te descubran y sentirte a gusto en el proceso.
Enamorarse es quererse a si mismo, es volver a sentirse uno mismo al lado de alguien.

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martes, 15 de julio de 2014

Mis silencios, son mi mejor tesoro...

Cada uno de ellos está cargado de significados, de sentidos.. cada uno de ellos envía un mensaje, bastante confuso lo reconozco para quien no me conozca o sólo me conozca superficialmente.
Cuando estoy enfadada guardo silencio porque no quiero hacer daño con mis palabras lanzadas desde la ira, o simplemente me niego a rebajarme al nivel de insultar mezquinamente a otra persona (se lo merezca o no).
Cuando estoy cansada, el silencio impera porque necesito estar tranquila, recomponerme.
Cuando estoy con alguien muchas veces guardo silencio porque quiero disfrutar de esa persona, quiero disfrutar del momento. A veces es una forma de mostrar respeto a la persona con la que hablo, dejando de lado un cierto egoísmo que todos tenemos para dejar paso a esa persona con la que estoy.
Pero ante todo cuando estoy con “esa” persona, mi silencio implica toda la pasión que puede brotar dentro de mí y que la expreso con mi silencio, poniendo mis otros sentidos en acción para demostrarle que dentro de mí hay un caos por su causa.
Escucho porque quiero aprender, aprender aún más a valorar a esa persona, aprender cómo es y lo que necesita, aprender cómo funciona su mente, cómo mueve su boca, cómo mueven sus ojos, sus manos.
Mi silencio entonces se convierte en una expresión sublime de amor.. y si hablo mis palabras sonarían rompiendo un silencio, un instante, un momento.. no tendrían sentido, ningún sentido..
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sábado, 12 de julio de 2014

El pretexto de "los fracasados"

Nunca te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente tu has hecho lo que querías en tu vida. Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo y el valor de empezar corrigiendote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error. Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfrentarla con valor y acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y prueba que tu siempre has de ganar. No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, aceptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. No olvides que la causa de tu presente es tu pasado así como la causa de tu futuro será tu presente. Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien ni acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo, piensa menos en tus problemas y mas en tu trabajo, y tus problemas sin alimentarlos morirán. Aprende a nacer desde el dolor y a ser mas grande que el mas grande de los obstáculos. Mírate en el espejo de ti mismo y seras libre y fuerte y dejaras de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino. Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tu eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfaras en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es: El pretexto de los fracasados

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miércoles, 9 de julio de 2014

No es mas fuerte quien mas golpes da, si no, quien mas golpes aguanta

No sabes nada de mi, no tienes ni puta idea, así que no vengas a juzgarme, a llamarme borde, fría, histérica o bipolar. Ten los cojones de acercarte y conocerme. De descubrir que más allá de la fachada, hay una chica cariñosa, que se muere por tener a su lado un príncipe azul, que se enamora con cada puto "Buenos días princesa" que le dedican. Que se vuelve loca con unos ojos bonitos. Que aprendió de la vida a base de decepciones y que adoptó como método de supervivencia eso de aguantar las lágrimas, apretar los dientes y sonreir. Que cuando no puede más, en vez de llorar, se lava la cara, se mira al espejo y promete comerse el mundo, en vez de dejar que el mundo la coma a ella. Que pasó de ser la niña perfecta, a la rebelde mentirosa. Que va de dura por la vida y no deja que cualquiera vea más allá de donde ella quiere. Que lleva años durmiendose rayada. Que no tuvo infancia y que, con diez años, la trataban más como a una adulta, que con catorce. Una chica a la que hace falta muy poco, para hacerla muy feliz. Que se ilusiona como una niña pequeña. Que tiene demasiados sueños que la desbordan. Que bastan un par de abrazos para que esté contenta. Que si quiere, puede enamorarte con un par de sonrisas. Que le encantan los "Te quiero" sin venir a cuento. Que odia estar mal. Y que lucha por encontrar su lugar en el mundo, aunque este sea pequeño...

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domingo, 6 de julio de 2014

Nunca serás feliz si no dejas de mirar hacia atrás

Cuando estás arriba, tus amigos saben quién eres. Cuando estás abajo, tú sabes quiénes son tus amigos. No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la oscuridad. Aprende a apreciar lo que tienes antes de que el tiempo te enseñe a apreciar lo que tuviste. Nunca te des por vencido si sientes que puedes seguir luchando. No esperes el momento perfecto. Toma el momento y hazlo perfecto. La vida tiene cuatro sentidos: Amar, sufrir, luchar y ganar. El que ama sufre, el que sufre lucha, y el que lucha gana.
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jueves, 3 de julio de 2014

No se puede vivir del pasado

Porque simplemente son decisiones que hay que tomar, porque ya no se puede rectificar, porque había que elegir un camino y sólo se podía saber si era el correcto después de haberlo tomado, porque hay que asumirlo, que la vida sigue y las lágrimas se secan. Que el transcurso de la vida es así: Caminar, tropezar y seguir. Pero seguir siempre, porque no se puede estar todo el tiempo lamentando un error, porque lo hecho hecho está y nada puede cambiarlo, porque de todos esos recuerdos tan sólo hay que recordar los buenos y olvidar los malos, porque simplemente todo se nos fue a la mierda. Porque simplemente era la decisión más correcta y no me arrepiento, porque algún día dejaré de lamentarme, algún día dejarán de caer lágrimas por mis mejillas, porque el tiempo todo lo cura y lo que me duele hoy, es lo que me hará más fuerte mañana.
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