viernes, 25 de marzo de 2016

Quiero.

Quiero ser esa persona que te haga suspirar, que revolotee tus sueños, que no te deje dormir por las noches, quiero ser ese último pensamiento que tengas del día, aquella mujer que cuide de ti cuando estés enfermo y me desespere por que te recuperes. Quiero que cuando llegues a casa nos sentemos juntos a comer, quiero preparar tu comida favorita y poder servir el vino que más te gusta, hablar del futuro de nuestro futuro, quiero ser esa persona que digas para esto yo espere tanto tiempo, quiero ser tu persona favorita, tu amiga, tu confidente, esa persona que tan solo con una mirada sepa lo que quieres, lo que tienes y lo que deseas.

Quiero despertar los 365 días del año junto a ti, que lo primero que vean mis ojos sean los tuyos, darte el beso de buenos días y buenas noches, quiero estar cuando tomes las decisiones de tu vida, y que yo esté incluida, quiero disfrutar un día de playa, de campo, de camping, más que todo quiero perderme en tus ojos al mirarte, saber que me amas y que yo te amo como a nada ni nadie, quiero que riamos, lloremos, nos hagamos cosquillas, que pasemos momentos increíbles y que difícilmente puedan ser borrados.

Que caminemos juntos este largo camino, que cuando tú me necesites yo esté ahí sin que tú lo digas, quiero ser parte de tu vida y que tú seas esa persona que llene los espacios vacíos de la mía.
Que si nos separamos algún día sea solo por qué tienes que ir a trabajar, quiero ser tu amor infinito, tu amor veinteañero, tu amor para el resto de nuestras vidas.
Quiero tantas cosas contigo que solo espero con paciencia, que cuando llegue ese día, tú estés dispuesto a aceptar todo esto y mucho más, por qué, yo estaré aquí, esperándote pacientemente como lo he hecho todo este tiempo para que hagamos todo lo que quiero.

Image and video hosting by TinyPic

martes, 22 de marzo de 2016

Aprende a decir “me quiero” antes de decir “te quiero”

Sí, es muy bonito pronunciar palabras de amor, esas en las que demuestras que tan importante es para ti esa otra persona, e incluso,  todo lo que estás dispuesto a hacer por ella.

Pero… te has puesto a pensar que para poder amar de verdad, es necesario primero, conocerse a uno mismo, ser consiente de nuestra personalidad, de nuestra esencia, de nuestra forma de pensar y tener muy en claro que nada ni nadie debe cambiar nuestras convicciones, nuestros valores, ni debe amedrentar nuestra dignidad?

Debemos recordar que somos seres humanos completos, no complementos, que estamos en el camino para ser felices, y que para ello nos valemos por nosotros mismos; y esto no quiere decir que debamos aferrarnos a la soledad, no, lo que trato de decir, es que para poder amar enserio, es necesario querernos primero, solo de esta forma, sabremos reconocer el amor verdadero, cuando llame a nuestra puerta.

Cuando uno sabe perfectamente lo que es y lo que vale,  no hay nada ni nadie que nos haga dudar de nuestra fuerza, de nuestra inteligencia, de nuestra felicidad.

No hay nada más bonito que poder ponerse frente al espejo y poder reconocer que somos humanos imperfectos, con virtudes, con errores, con aciertos y defectos, pero siempre buscando mejorar, conscientes de lo que merecemos, conscientes de que no nos podemos conformar con un cariño pasajero o con alguien que no está dispuesto a entregarse de verdad.

Amar es maravilloso, de eso me queda la menor duda, pero también es cierto, que el amor más bonito es el que sentimos por nosotros mismos.

Cuando esto pasa, cuando aprendemos a ser realmente conscientes de lo que valemos, somos capaces de reconocer el amor del bueno, ese que es como nosotros, que es sincero, que no tiene complejos, que nos convierte en mejores seres humanos, ese con el que de la mano podemos llegar más lejos.

He ahí la importancia de aprender a decir  “me quiero” antes de decir  “te quiero”

Image and video hosting by TinyPic

miércoles, 16 de marzo de 2016

No hay noche que no te piense, ni insomnio que no te extrañe

Es verdad que me gusta sonreír, es verdad que lo hago muy bien, es verdad que durante el día puedo aparentar que soy feliz, el problema es por las noches, cuando me quedo sola, el problema es por las noches cuando duermo sin ti.

Debes saber que aun en contra de mi voluntad,  no hay noche que no te piense, ni insomnio que no te extrañe, y para ser sincera a veces no sé cómo lidiar con esta soledad, con estas noches frías en las que tú no estas.

Creo que tú no entiendes cuanto me dolió verte partir, acostumbrarme a tu espacio vacío, al silencio que dejas justo aquí, no sabes cómo duele no escuchar tu sonrisa, ni ver tus ojitos cada mañana despertar junto a mí. Si bien es cierto que trato con todas mis fuerzas de dejar este dolor atrás, son las noches de insomnio las que me hacen extrañarte mucho más, son las noches de desvelo las que me duelen más.

En nombre de todo el amor que yo te tengo, de verdad espero que tú no lo estés pasando tan mal, espero que para ti haya sido más fácil continuar, que puedas sonreír enserio y no tratando de ocultar la verdad, tratando de ocultar que mueres por dentro, tratando de ocultar que lo estás pasando fatal.

Solo espero que poco a poco y con el tiempo, esta ausencia de ti duela cada vez menos, que  las noches dejen de ser tan tormentosas,  espero que poco a poco  mis insomnios sean  cada vez más serenos. No sé si tú me extrañas como yo a ti, pero por si acaso te pasa, no lo pienses tanto y ven aquí ,abrázame fuertemente y recuerda todo lo que significas para mi…

Quizá estas palabras sean vanas, quizá tú seas más feliz así, creo que esa es la realidad, pues si me extrañaras como yo lo hago, ya estarías junto a mi.
Image and video hosting by TinyPic

domingo, 13 de marzo de 2016

(Im)perfectas

Hoy en día está de moda ser un desastre. El desorden, la histeria, el drama. Fumar, decir palabrotas y ser impuntual. Y, claro, aquí está una servidora de mente algo cuadriculada y espíritu preguntón, sintiéndose trasnochada en un mundo en el que la imperfección suma puntos. Que yo no soy perfecta, ni mucho menos, de hecho, soy lo opuesto a perfecta. Quizás lo que más imperfecta me hace es, precisamente, andar siempre buscando la perfección.
Y es que no, a mí nunca me ha pasado eso de ir sin estudiar a un examen. Yo abría los libros quince días antes y los cerraba un minuto después de que el profesor o profesora dijera “podéis empezar”. ¿Empollona por convicción? No, insegura de manual. Que ya me lo podía saber de memoria, que aun así creía que me quedaría en blanco en el momento de la verdad. Horror.

Pues no, yo nunca me he emborrachado (y ahora podéis llamarme bicho raro), al menos no tanto como para no acordarme de cómo volví a casa o de qué hice o dije. No, ni mucho ni poco, yo no me he emborrachado porque con mis 58 quilos de peso y mi 1,64 de estatura, el alcohol se me sube a la cabeza causando un extraño mix de sueño asesino y taquicardia.
Que cuando llevo las gafas me las limpio 32593249 veces al día porque no soporto verlo todo turbio (¿transtorno TOC? No lo descarto). Me quito el esmalte de uñas a la primera imperfección. Bebo 3 litros de agua al día, hago las cinco comidas (yo sin merienda no soy persona) y uso protector solar factor 30 cuando voy a la playa. El café, descafeinado. La cerveza (puaj), como mucho con limón y más por compromiso que por otra cosa. Yo pongo a Spotify por testigo de que no cambio ni una sola canción indie si puedo bailar “Shake it off” de Taylor Swift en la cocina como si no hubiera un mañana.

Yo (casi) nunca llego tarde (no me hago responsable de conductores capullos de la TMB o de las horas puntas en general). A mí me gusta salir con tiempo porque no me gustan las prisas (es lo que pasa cuando la velocidad la llevas por dentro) ,ni hacer esperar a la gente.
Quizá es eso lo que me hace ser así como soy: una imperfecta que busca en vano la perfección, que por querer agradar o no disgustar se ha quedado muchas veces con ganas de mandar a la mierda a algunas personas. Y sobre todo a una. Una imperfecta que, eso sí, con el tiempo (veintiuno 21 ya son tiempo), se ha dado cuenta de que lo único importante en la vida es agradarse a uno mismo: mirarse en el espejo y gustarse con raíz o con el tinte recién hecho, con un diente mal o con sonrisa Vitaldent, con michelín o con cintura de avispa cincelada a base de dieta, ejercicio y té verde.

Que sí, que el optimismo “vomita-arcoíris” ya cansa, para algunos. Que ahora vuelve a estar de moda cagarse en todo y desconfiar de la gente. ¿Pero de una misma también? Me niego. Hay que quererse, sea como sea. Hay que creerse. Se sea impuntual o previsora. Malhablada o beata. (Excesivamente) sincera o un poco trolera.
Hay que aceptarse sea una desastrada a la moda, o una trasnochada imperfecta en busca de la perfección. Hay que valorarse ,respetarse y comprenderse, porque el mundo no lo va a hacer por ti.Para el mundo en general siempre serás demasiado gorda o demasiado delgada, demasiado extrovertida o demasiado callada, demasiado blanca o… vale, no, para este mundo nadie parece estar demasiado moreno (porque ser moreno de piel es estar sano, y ser molón, y haber ido a muchas fiestas en la playa. Los blancos somos tísicos y raros, y la única luz que vemos es la de la pantalla del ordenador. Dicen).

¿Lo veis? Siempre habrá un exterior que nos juzgue, básicamente, porque nadie, ni la madre que nos parió, nos conoce por completo. Nadie está dentro de ti para saber qué piensas, lo que vales, lo que has logrado y lo que no lograste por qué fue. Nadie excepto tú misma. Nadie te conoce como tú ni nadie puede seguir conociéndote toda tu vida.
Por eso, llega tarde o pronto, escucha a Izal o a Katy Perry, ordena tu escritorio o busca tu móvil debajo de la cama. Rápate el pelo o no cambies de peinado. Haz lo que quieras, pero nunca te olvides de que quererse es construirse, y de que en este mundo, las personas más felices son las personas enteras.
Que te quieras (¿ya lo he dicho?).
Que te quieras y punto.
Y ya.

Image and video hosting by TinyPic

jueves, 10 de marzo de 2016

Carta a mi corazón

Querido corazón:

Puedo entender que aún te encuentres enfadado conmigo, pensando que no procuro tu bienestar y que no me importas. Por eso hoy me atrevo a dirigirte este mensaje, para que conozcas la razón de mis acciones y puedas comprenderme un poco.

Sé que has sufrido mucho por mi causa, y que he tomado decisiones que no llegaste a entender en su momento, porque te hicieron pasar por grandes malestares, pero quiero que entiendas que lo que hice fue por tu bien, aunque aún no lo creas. Todo lo que he hecho ha sido pensando en ti. Ya hace dos años de lo sucedido y sé que ahora, aunque aún estás un poco dolido, te encuentras más fuerte que al inicio. Quizá ahora estés listo para escucharme y entender… quizá estés listo ya para perdonarme por tanta pena y tantas lágrimas.

Quiero que sepas que eres un orgullo para mí. Después de todo lo que has pasado sigues entero, latiendo y bombeando sangre y vida a todo mi cuerpo. Aunque aún te sientas decaído, recordando lo sufrido, puedo sentir que eres fuerte y sé que al final estarás bien. Sé que, pese a todas las calamidades que has tenido que experimentar, también recuerdas los buenos momentos de alegría, de ilusión y de expectativas. Has reído y has llorado, y tienes que entender que de eso se trata la vida, de altas y bajas.

Créeme que sé muy bien por lo que estás pasando. Quizá desearías pertenecer a otra persona, una más racional, de esas que se comportan fríamente y abandonan todo sentimentalismo, protegiendo sus corazones como una coraza impenetrable. Pero te tocó estar en mí, una persona pasional, que se abre de par en par cuando se entrega, que sufre y llora cuando le va mal. Bien sabes que he intentado ser ese tipo de persona insensible e indiferente, pero simplemente no me sale, no soy así.

No obstante, puedo asegurarte que todo lo que has tenido que soportar a mi lado te ha hecho más fuerte y más valiente. Has ido madurando y aprendiendo a superar situaciones difíciles y complejas, tanto que ahora, con todo y lo que sufres, no estás derrotado, sino que sigues firme y en pie de lucha. ¡Qué orgullosa estoy de ti! Hoy celebro y reconozco tu valor, tu nobleza, tu dignidad y tu capacidad para levantarte aún ante las peores desgracias.

Te agradezco que aún creas en el amor y que sigas siendo para mí una fuente de emociones preciosas e indescriptibles. Te agradezco que aún te cautive un poema, que te emocione una buena película o que te llene de alegría una buena noticia. Te agradezco por luchar por lo que quieres, por ser honesto y franco en todo momento, y por nunca renunciar. Gracias por NO permitir que te pusiera una armadura de hierro para protegerte, pues sabes que eso significaría renunciar a todo lo bello que es sentir, aun con los momentos de sufrimiento que eso conlleva.

Hoy, pequeño gran corazón, te quiero expresar mi admiración y mi respeto. Sé que aún estás convaleciente, pero pronto te recuperarás, como ya lo has hecho antes. Por mi parte, me comprometo a cuidar mejor de ti y a ser más sabia en mis acciones y en mis elecciones. Ambos sabemos que nos tenemos el uno al otro y que así será hasta el final de nuestros días. También sabemos que merecemos la felicidad y que la llegaremos a encontrar.

Así que, mi querido corazón, ¡ha llegado la hora de levantarse, sacudirse el polvo y seguir a paso firme como siempre, en busca de esa felicidad anhelada!

Sé que juntos podemos lograrlo.

Image and video hosting by TinyPic