viernes, 29 de agosto de 2014

Carta a los que me dicen que no llore cuando estoy llorando

Sí, estoy llorando. ¿Y qué? A todo aquel que se me acerque inteligentemente regalándome el sabio consejo de que deje de llorar le mandaré a tomar viento. ¿Por qué voy a tener que dejar yo de llorar si me apetece? Soy sentimental y extra sensible en contadas ocasiones, pero, digo yo, ¿es que no es sano dejar ir todas mis frustraciones la través de las lágrimas? Que son mías, no tuyas.

A ti, que me dices que deje de llorar: en vez de hacer eso, sería mucho más útil que me regalaras tu silencio, igual que yo te regalo lo que estoy sintiendo. Dame las gracias por ello. Por saber expresarme, por ser yo misma y mostrarme tal y como soy, sin miedo y sin vergüenza. Como todo un revolucionario del mundo de las emociones. Y si no eres capaz de comprenderlo, mejor aléjate.

Porque llorar no es un crimen. Deja de pensar tanto en mantener la compostura. Siempre he creído que si tenemos la facultad de reír y de reír tan fuerte, ¿por qué cuando lloramos deberíamos reprimirnos? ¿Verdad que cuando reímos lo hacemos desenfadadamente y con total despreocupación? Pues con las lágrimas igual. Si he de llorar, debería poder llorar con total libertad.

No quiero guardarme nada que me haga sentir frustrada. Quiero poder sacarlo todo y dejar espacio para todo lo demás. Quiero limpiarme y asearme por dentro, quiero estar libre de una sensación que me impide avanzar para luego empezar de cero y hacerlo con más fuerza. Los que piden más autocontrol, estar siempre alegres y dejarlo todo dentro… están, muy, muy equivocados.

Si lloro, expreso, y si expreso, supero. Una anestesia natural que palia el dolor. Un calmante que brinda tranquilidad y en cierto modo relajación. Incluso un componente que me hace sentir viva porque no solo lloramos por angustia. Si lloramos por alegría la intensidad se multiplica.

Contener las lágrimas genera mal en todo el organismo y aumenta de forma abundante la negatividad y el malestar, lo que a la larga conseguirá que concentres todas estas emociones y las desencadenes en una bomba de relojería en la que no querrás verte.

Cuando lloro me desnudo ante todo y ante todos. ¿Quién es más pudoroso, el que no quiere desnudar su cuerpo por vergüenza, o el que no quiere que lo conozcan por dentro, cómo Dios los trajo al mundo? ¿Por qué negarnos algo que brota sin más? Lo que está claro es que después de llorar seguro que nos sentiremos mucho mejor. No tenemos una varita mágica con la que poder solucionar los problemas, pero si esto puede calmarnos, ¿por qué privarnos de ello o privar a los demás?

A partir de ahora toma nota: no aceptar que me digan que no llore. Aceptaré solo silencios que escondan miradas cómplices. Silencios capaces de traspasarme muy fuerte y que me den las gracias sin hablar y me den abrazos sin tocarme.
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martes, 26 de agosto de 2014

Sin mí no soy nada

Bailar, conocer, explorar… quizá amar.  Yo soy esa compañera inseparable que siempre estará a mi lado. Soy esa mejor amiga que me entiende mejor que nadie, y esa amante maravillosa que sabe exactamente lo que me seduce y encanta.

¡Cuánto me río con mis chistes! Siempre me parecen buenísimos. Además, sé exactamente mi plato favorito, el color que más me gusta y el regalo que puede hacerme más ilusión. ¡Es lo que tiene pasar 24 horas a mi lado! Lo curioso es que no todo el mundo puede decir lo mismo: hay personas que no se han parado a pensar qué les encanta, ni a darse el gusto de vez en cuando.

“Amarse a sí mismo es el comienzo de un idilio que durará toda la vida.”

Claro, me encanta embarcarme en proyectos, compartir experiencias y formar equipo, pero siempre llevo un equipaje indispensable para cualquier viaje: me llevo a mí. Con mis defectos y mis fortalezas, pero siempre voy conmigo. Si soy generosa, lo soy con toda la capacidad de querer que he aprendido conmigo. La autoestima es la primera escuela del amor.

Es mucho más difícil que los demás nos puedan dar algo que nos haga ilusión si ni siquiera nosotros sabemos decir qué es lo que nos ilusiona. Los extremos se tocan, y por eso ser complaciente es igual de negativo para una relación que ser muy egoísta. Si no nos queremos a nosotros mismos de manera equilibrada, aceptando las limitaciones que tenemos y también reconociendo lo maravillosos que somos, difícilmente podremos tratar a los demás de esa forma: queriéndoles tal y como son.

El secreto está en encontrar a una persona que sepa estar sin ti, pero que prefiera estar contigo. Una persona que justamente se quiera a sí misma con tantas ganas como le pones tú a quererte. Por eso se trata de ser también esa persona, la que se quiere a sí misma lo suficientemente como para no necesitar completarse con nadie. Entonces, y solo entonces, el amor mutuo será inmenso, y duradero.

“Existe una evidencia muy grande de que cuanto mayor sea nuestra autoestima mejor vamos a poder tratar a los demás“. 

Si no somos felices solteros, no lo podremos ser en ninguna relación, por perfecta que sea. Tampoco podremos emprender y triunfar con socios, ni formar un gran equipo de trabajo. Como madres o padres fracasaremos también, porque la autoestima es como la raíz del árbol de todas las demás relaciones.

Por eso, hoy quiero recordarte y recordarme a mí mismo: lo que sea, pero conmigo. Porque sin ti lo soy todo, por mucho que me encante y pueda elegir estar a tu lado, pero sin mí no soy nada.

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sábado, 23 de agosto de 2014

La chica que buscó a su príncipe azul pero no encontró el azul que le gustaba

Érase una vez… Hace muchas ganas y poca paciencia, una princesa llena de adrenalina que vivía en un caos. Su vida sentimental estaba rodeada de relaciones insatisfactorias, condena de sus altas expectativas y de su insaciable imaginación. Contentábase con relaciones efímeras, incompletas, banales y apresuradas por miedo al doloroso silencio de la soledad. Sin embargo, ella se sentía especial. Tan personalmente diferente; exclusiva, peculiar y única que sufría en su interior el irrefrenable deseo de que toda la magia que habitaba en su interior, saliera en busca del príncipe encantador y apuesto que la merecía.

Era tan voraz su apetito que no había príncipe que la contentase, ni labios que la besaran a la altura de su exquisito y refinado paladar. Quería saborear escalofríos confitados en miel. Ansiaba desayunar susurros de cielo rebozados en harina del país de nunca jamás, tempura de carcajadas al limón y simpatía con guarnición de fantasía. Imaginaba un príncipe que tuviera el poder de cocinar un amor salteado en sinceridad, éxito de la pasión con intimidad caramelizada y una reducción de rayos de sol cubiertos por dulce chocolate de encantos. Suspiraba por unas tostas de felicidad cubiertas de humor espolvoreado, taquitos de celos garrapiñados y bolitas de cariño maceradas en paciencia; y de postre helado de sabor a confianza con barquillo de estabilidad, gracias.

Andaba a la caza de un príncipe color azul

Un azul quiéreme mucho, azul comamos perdices, azul vivamos felices. Un tres en uno dificilísimo de encontrar, pero no imposible. Buscando entre las etiquetas de autenticidad a un príncipe que no destiña con los lavados, que no encoja ante las adversidades de la vida y que no se rompa por la rutina de la relación; encontraba aspirantes a medio hacer que ni de noche ni de día, ni misterio, ni acción, ni planos contrapicados que amparen la emoción del momento.

Y es que no basta con que el príncipe sea azul

Azul es azul. Y a las princesas nos gusta la variedad en las gamas cromáticas. El azul se inventó para que los príncipes se diferencien entre ellos a través de azul encantador, azul viajero que se atreve con todo, azul artista de la pista, azul eres el jodido reto de mi vida.

 Y así en sus infinitas posibilidades las princesas podríamos aspirar a vivir el cuento que habíamos soñado sin tener que conformarnos con la mediocridad de las historias des-encantadoras protagonizadas por príncipes de azules corrientes, comunes, habituales, ordinarios, vulgares y archiconocidos a los que estamos ultra acostumbradas y que cualquiera puede pintar de nuevo si, tras un tiempo de desgaste, sufren un poco de decoloración; porque se venden en cualquier tienda de barrio.

Esto es un llamamiento para príncipes azules sin azul definido

¿Estáis dispuestos a bañaros en Pantone azul palomitas de maíz y cine un viernes noche? ¿En Pantone azul picnic en el parque y siesta con mantita abrazados? ¿En azul cógeme de la mano que vienen curvas? Porque las princesas han venido a vivir una vida que tenga lugar en un cuento, que tenga algo de polvos mágicos. Añoramos a ese príncipe azul del azul que abre la puerta del coche, ese príncipe azul que dice ‘buenos días princesa, ya tienes el mundo a tus pies’. Y sabemos que está ahí, escondido en ese blindado corazoncito que os empeñáis (príncipes de muy muy lejano) en ocultar tras esa coraza de azul no necesito amor, azul solo estoy mejor y azul no quiero complicarme la vida.

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miércoles, 20 de agosto de 2014

Soy del tipo de mujer que si quiero la luna, me la bajo yo solita.

Necesitas saber que has errado al creer que te  necesito para ser feliz, creo que no has caído en la cuenta de que me sé  valer por mí misma, que no tengo miedo de nada, que no tengo miedo a seguir sin ti. A veces  creo que tienes exceso de confianza, pues te piensas indispensable, crees que dependo de ti para sentirme viva, para sonreír.

Creo que tienes que abrir muy bien los ojos y darte cuenta de una vez de que nos soy así, mírame fijamente y descubre que soy una mujer independiente, trabajadora, descubre de una vez que soy una mujer que no se sabe rendir.

La verdad es que al principio confié en ti, pero tengo ese sexto sentido que con el tiempo me hizo descubrir que a los hombres de tu tipo les molestan las mujeres de mi tipo, esas que son autosuficientes, que se esfuerzan, que trabajan, que si quieren la luna, no viven esperanzadas a que alguien les ayude a bajarla, pues en mi caso, si quiero la luna, encuentro la manera para bajarla.

Perdona que sea yo la que te dice adiós, pero tu personalidad no va conmigo, ni tus expectativas coinciden con lo que quiero yo. Te sugiero que busques a una chica que no te de problemas, que no discuta tus ideas, que acepte todo lo que dices sin dar pelea;

Solo espero que cuando la encuentres, no te aburras de ella, pues la verdad es que si aún existen, tengo que decir que me duele por ellas,  por guardar lo que sienten, por apagar su voz, sus deseos, sus sueños, sus ideas. No, yo nunca podré ser así, la verdad pierdes el tiempo en tratar de cambiarme, en tratar de hacerme coincidir con tu forma de vivir.

 Tengo muy claro lo que soy, lo que quiero para mí, así que pega la vuelta y vete de aquí.

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domingo, 17 de agosto de 2014

Se busca una amor

Se busca un amor… para toda la vida, quizás. Que me devuelva las ganas, la ilusión y el placer de volver a amar. Que me inspire en mis letras con su pasión, con su amor, con sus peleas.  Que saque de mí la intrépida mujer que llevo dentro. La cursi detallista que hace un tiempo quedó sin deseo.Que me vuelva su musa, su amante, su amor. Que devuelva a mi cuerpo las ganas de hacer el amor. Que me brinde seguridad y confianza. Que me deje volar, que nunca desee cortar mis alas. Que me aliente cuando fallo y me ame aun con mis errores. Que me bese las cicatrices en donde alguien más causó dolores. Que no juzgue mi pasado ni me reste valor. Que sepa cuánto valgo y me brinde lo mejor.
Que no me siembre dudas ni me dé preocupaciones. Que sea un hombre maduro que no desee andar de picaflores. Se busca un amor que ya este cansado de buscar. Que haya recorrido lo suficiente para que al fin desee estacionar.
No busco un amor que pague mis cuentas o que me rescate de un castillo como en los cuentos de princesas. Tampoco para que camine detrás de mí sino a mi lado. Mucho menos para cuidar de una casa, pues construirla juntos es lo que tengo muy claro. No deseo que me cele o me cuestione cada paso que doy, pues no soy de las que permiten que corten sus alas por la inseguridad de alguien más.Se busca un amor que desee también ser un compañero de vida, alguien que desee caminar de mi mano. Que me ame y me deje amarlo. Un amor que me respete y me valore y me permita ofrecerle lo mismo, ni en más ni en menos proporciones, siempre lo justo. Un amor que me permita crecer y desee tenerme en sus momentos de crecimiento.
Se busca un amor que me aplauda en mis victorias y me aliente en mis fracasos y que en ambos momentos me permita acompañarlo, que no le importe que lo vea "derrotado", que mi amor lo fortalezca y me deje motivarlo.
Se busca un amor dispuesto a llenarme de detalles, no quiero regalos caros, sino pequeños obsequios que para mí serán muy grandes; tal vez una flor, hacerme el desayuno, una carta y porque no un chocolate, un beso, un abrazo y una caricia que más me hagan amarle.
Busco a alguien humilde de corazón, que tenga la capacidad de realzar, admirar y cultivar mis virtudes y así mismo me ayude con mis debilidades, que nunca quiera pisotearme, criticarme o hacerme sentir menos por ellas, que al contrario, me ayude a trabajarlas y mejorarlas. Así mismo quiero que él se muestre conmigo tal cual, sin caretas y que juntos nos aceptemos y complementemos cada día que habremos de pasar.
Quiero alguien que sea mi soporte y mi balance. Un amor que en la cama logre desarmarme. Un pervertido que sea solo mío y que me incite a ser en la cama esa mujer que todos han de querer pero que solo él ha de tener. Que fuera de casa me de mi lugar y me trate como una dama. Que nunca pierda los modales y que se muestre como un caballero en todo lo que hace. Se busca un amor que esté dispuesto a protegerme incluso de mi misma y me permita protegerlo como a un niño en sus momentos más vulnerables. Un amor que sepa lo que necesito sin necesidad de preguntarme y es que no será necesario porque me estudiará a diario a través de mis gestos, mis actos, mis sueños y de todo lo que hablo.

Se busca un amor que me ame por lo que soy

Que no se sienta un Dios con derecho a juzgarme, que no le importe mi pasado y aun sabiéndolo continúe amándome. Un amor que confíe en mí y me cuente sus más oscuros secretos. Que me comparta sus miedos, sus anhelos y también sus proyectos. Que me incluya en su plan de vida y que no tema que yo lo incluya a él, y es que para amores pasajeros no necesito andar buscando, así que lo piense bien.
Yo no busco lujos, simplemente un amor con quien construir un hogar. Alguien que desee caminar conmigo sin miedo a la dificultad que se nos pueda presentar. Alguien valiente que luche de mi mano y que si ha tropezado se apoye en mí para poderse levantar. Un hombre hogareño que desee una familia y una mujer con quien crecer. Un amor que sepa pedir perdón si falla, que reconozca sus errores y aprenda de ellos. Que nunca se muestre soberbio, altanero y que tampoco pretenda ser un hombre perfecto. Pues yo busco un amor imperfecto pero perfecto para mí. Alguien con quien conecte como pareja, como amante, como amigo, compañero y cómplice. Que realmente asuma el compromiso de esforzarnos cada día por dar lo mejor que podamos durante el tiempo que ambos deseemos caminar cogidos de la mano.
No quiero un romance de Disney, algo tan perfecto que me aburra y me incite a irme. Busco un amor perfectamente imperfecto que con solo verlo me haga temblar de nervios. Alguien que ponga en desorden mis días y que revolucione las mariposas de mi barriga. Que tambalee mi mundo por segundos y que me ayude a estabilizarlo cuando siento que me hundo. Un amor que sea mi tempestad y mi calma. Un loco enamorado que se esfuerce por robar mi alma.
Un amor puro, noble y sincero. Que me lleve de su mano a recorrer el mundo entero. Se busca un amor...
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jueves, 14 de agosto de 2014

Y aquí estoy, despojándome de los recuerdos que aun calan

De nada me ha servido quemar las viejas fotografías que contaban la historia de mil promesas que pronunciamos algún día, esa historia contada con besos acelerados que se clavaron en mi piel, con intensas caricias que sé que no olvidaré…
Nunca espere ver mi vida como un drama, pero es que no sabía cómo sería amar, entregar todo y al final quedarte sin nada. Yo que presumía de no ser susceptible al amor, de no ser susceptible a  nada que no estuviera regido por la razón, yo que  sabía imponer mi lógica, antes de permitir que alguien me hiciera daño, hoy… estoy aquí llorando por un mal amor, comprobando que resiste más un cojo que un hablador.

La verdad es que cuesta deshacerme de esos lazos que yo misma tejí, pero definitivamente, no quiero estar así, creo que no queda de otra que caer en la idea romántica de permitir, que el tiempo haga lo suyo, que me ayude a sanar heridas, que me ayude a reconstruir mis ganas de seguir. Solo te pido un último favor… No retes a mi voluntad, pues aunque no es poca, se debilita cuando tú estás, aléjate enserio, no  seas egoísta, no vuelvas más.


Ayúdame con tu ausencia a olvidar, no pienses que conmigo hay cabida a la posibilidad.

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lunes, 11 de agosto de 2014

Un último favor, a quien rompió mi corazón

Mentiría si no admito que te he echado de menos. Que echo de menos tu calor, tu aroma y tus besos. Que me es casi imposible desprenderme de cada uno de nuestros recuerdos y que tanto llanto no ha logrado que deje de dolerme tu adiós, aquí muy dentro. Te mentiría si no te digo que he optado por mirar a diario aquellas fotografías en las que apareces y aunque a veces me digo ¡ya no más! y me enfoco en otras cosas, pronto reapareces. Que tropiezo una y otra vez con tu recuerdo y que el dolor me cala cada uno de mis huesos.
Que aún me es casi imposible asimilar nuestra ruptura. Que los días por venir estaré acompañada de tu ausencia (debo admitir que eso me asusta). Que ya no tendré más tu cariño, tu amor, tu mirada, tu sonrisa, tus besos y no te escucharé más decirme –mi amor-.
No logro fingir ante todos que estoy bien. Que no me ha tumbado tu decisión y que sin dudarlo, ha sido lo mejor. Lo mejor ¿para quién?, quizás para ti pero para mí no, al menos así lo veo hoy. Aun permanezco encerrada en mi habitación, llorando a la menor provocación. Aún permanece en mi mente aquella escena en la que me hablas de ti y de tus planes, en la que decides que lo más conveniente es el alejarte. Y mis tontos intentos por convencerte de que te quedes, no logran conmoverte. Sin importarte cuan rota me dejabas, sin importarte el que yo te amara, el que ofreciera lo mejor de mí… tú decidiste huir.
Tiraste a la basura cada uno de nuestros planes, de aquellos sueños compartidos te olvidaste. Me dejaste pensando que pude haber hecho más por los dos, cuando la realidad es que tu no moviste siquiera un dedo. Mostraste una sonrisa hasta el último momento y me pregunto: ¿te reías de mi sufrimiento? no lo sé y no me interesa saberlo. Cada palabra, cada lágrima y aquel dolor fueron en vano, decidiste soltar mi mano y sin ninguna palabra de esperanza de retomar algún día lo nuestro tan solo dijiste –adiós-.
Hoy después de unos meses sigue el dolor en mi pecho y tus palabras como eco en mi cabeza. No es verdad que la prueba más grande de amor es dejar ir a quien amas, la prueba más grande de amor es permanecer y enfrentar juntos cualquier adversidad. Cada canción me trae un recuerdo a tu lado. Cada espacio un momento. Tus fotografías aquellas caricias y besos. Las noches a tu lado. Y todos esos momentos que no se repetirán jamás. No te detuviste a recordar cada promesa hecha, cada sueño que construiste a mi lado y cada palabra de amor que hoy no puedo pensar que hayan sido verdad.
Quisiera ser más fuerte, pero la realidad es que no sé de dónde sacar fuerzas. Tu recuerdo me ataca constantemente, inclusive en los momento más inoportunos apareces y aunque intento controlar la situación… duele. No logro contener que las lágrimas rueden por mis mejillas, no logro deshacerme de mi mirada perdida y melancólica, no logro pintar de colores mis días; se encuentran irremediablemente grises desde tu partida.
Me está siendo sumamente abrumador esta situación. No logro estar en paz siquiera conmigo misma. Pienso en ti a cada maldita hora del día. Me pregunto si estarás bien (lo más seguro es que sí), si habrás comido como debe de ser, como te habrá ido en el trabajo y como te habrá ido el dia. ¡Sí! También pienso si estas con alguien más, alguien más que ha ocupado mi lugar, alguien que besa tus labios y pone sus brazos en tu cuello. Alguien con quien compartes tus noches, tus sueños y tus más íntimos secretos. Y de solo imaginarlo… me vuelvo a romper.
Me siento completamente una tonta y es que el plan de víctima no me va bien. Sin embargo me hubiese gustado ver señales que me anunciaran que pronto romperías mi corazón, tal vez no me hubiese entregado por completo como lo hice o tal vez sí, porque no soy de las personas que quieren a medias o dan un poco de sí. 
Sé que más temprano que tarde me cansaré de esta situación. De sentirme así y de permanecer encerrada en mi habitación. Sé que en algún momento me desharé de los recuerdos y decidiré vivir; vivir plenamente, vivir para mí y por mí, sin pensar más en lo que fue, sin pensar más en ti. No solo porque me lo merezco, sino porque mi capacidad para amar es demasiado grande y mis ganas de ser amada algún día renacerán. Algún querré volver a sentir mariposas en mi vientre. Querré volverme a ilusionar, a entregar, soñar y amar. Algún día lograré sellar cada espacio de entre aquellos pedazos rotos con los que armé mi corazón y volveré abrir las puertas de par en par, para dejar entrar a alguien que de verdad me quiera amar.
Algún día seré todo lo que fui a tu lado y no por ti, sino por mí. Volveré a sonreír y me verás tan feliz que dudarás plenamente de tu existir y de lo mucho o poco que hayas logrado en mí y es que para ese entonces ya no importará quien fuiste, sino solamente lo que hiciste y ten la certeza que para entonces tus actos habrán sido impactos que me ayudaron a levantarme con más fuerza. Y cuando ese día llegué que no te quede la menor duda que ya no te querré de vuelta.

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viernes, 8 de agosto de 2014

Prefiero mil veces que me llamen loca, porque las cuerdas…atan

A muy temprana edad, me acostumbré a que en casa  me llamaran loca, no era raro verme brincar en los sillones, bailando sola, cantando, inventando frente al espejo  nuevas voces o haciendo caras y muecas.
Recuerdo también a la tía incomoda que me preguntaba, ¿tú qué quieres ser cuando seas grande? A lo que yo sin pensarlo dos veces, respondía; “pintora, escritora, fotógrafa o astronauta”; pero ella siempre respondía:” no mi niña busca una profesión que te haga vivir como una persona normal, tienes que preocuparte por conseguir estabilidad”. La verdad es que tenía una manera cruel de pintar la realidad, aunque debo decir que nunca confié en ella, nunca me  la creí, nunca me vi viviendo del modo en que quería ella.

Nunca lamente ser diferente, soñadora, ser la niña rara que adoraba a los animales, que podía pelearse con el niño más alto si se atrevía a maltratar a algún perrito.  Fui esa niña que tenía mil dudas.  Siempre cuestionado lo que pasaba a mi alrededor, a veces triste de más al mirar las noticias en la televisión
Cuando empecé  a forjar mis ideas, mi locura no bajo un solo grado, empecé a identificarme con gente soñadora, con gente que defendía sus ideas, que se preocupaba por otros y por supuesto no seguí el cuerdo consejo de la tía incomoda
La fotografía fue mi manera de expresarme con el mundo y aunque  tristemente no pude ser astronauta, encontré en la escritura mi manera de llegar a la luna.
Mamá dice que siempre supo que sería una mujer distinta, nunca me ilusionó la idea de casarme, de ser la dama perfecta, fui creciendo y le di prioridad a mis sueños, a siempre planeando mi siguiente viaje, y no por ello dejo de  tener mi lado romántico; por supuesto que no descarto la idea de enamorarme, de encontrar al hombre de mi vida, a esa persona que  pueda caminar al lado mío, que tenga al menos unas cuantas ideas en común; sin embargo sé que si no aparece, igual  tengo todo para ser feliz conmigo misma, sé que puedo ser feliz, sin basar mis anhelos en nadie más
La verdad es que no me interesa en lo absoluto cambiar; si alguien ha de amarme, tendrá que enamorarse de lo que soy, justo así sin intentar cambiarme, no tengo problema en ser la chica rara, la chica loca
Prefiero mil veces ser loca, porque las locas somos libres, las locas somos justo como ueremos ser, en cambio las cuerdas... las cuerdas atan.
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martes, 5 de agosto de 2014

Suelta el pasado ya, ¡déjalo atrás!, donde debe de estar

No es bueno aferrarnos al pasado, solo es eso… ¨pasado¨. Y como tal, ya no tiene nada nuevo que contarnos ni ofrecernos. Muchas veces solo logra traernos dolorosos recuerdos. Si el pasado ya está muerto ¡entiérralo! Y recuerda que ningún muerto resucita, déjalo atrás y vuelve a comenzar.
Durante el año tienes 365 oportunidades, ¿por qué desperdiciarlas? ¿De verdad vale la pena? Vive con plenitud tu presente y recuerda que de las acciones que realices en él, dependerá tu futuro. Constrúyelo sin prisas, tal y como a ti te gustaría. Como te visualices y como creas que serás feliz, piensa en ti, después en ti y al final en ti (esa es una de las claves para ser feliz).
No seas una persona que vive anclada al pasado, evita que tu vida se torne de tristeza y oscuridad. No es bueno estar reciclando y girar alrededor de círculos viciosos. ¡No justifiques más! ¡No aceptes excusas! Ahora en tu vida está quien lucho por estar, a quien le interesó estarlo. Todos los demás se fueron por decisión propia, por desinterés, por falta de amor hacia tu persona. No existe el: ¨es que tengo miedo de que me hagas daño¨, ¨es que no somos iguales¨, ¨es que no saldremos adelante¨, ¨es que no quiero lastimar a nadie¨, ¨es que tengo malas experiencias¨, ¨es que mereces algo mejor¨. Es que, es que, es que, ¡es que son tontas excusas! Y por supuesto que mereces algo mejor. Alguien que sepa con determinación lo que quiere y que no se ande con tanto cuento con el que al final de cuentas solo te terminará por lastimar.

No seas una persona que se sienta a ver como la vida le pasa por enfrente. No puedes vivir tratando de retener en tu vida aquello que no te es útil ni productivo, aquello que te estanca en tu progreso, en tu superación personal y que además te impide crecer como persona. Puedes pasar semanas, meses e incluso años tratando de reconstruir una relación ¨rota¨ y a causa de ello terminar sola. Porque el tiempo no se detiene y en algún momento añorarás el tiempo perdido y recuerda que el¨hubiera¨ no existe.
Ahora suelta tu pasado. Deja atrás las inseguridades. Permite que cicatricen tus heridas, ya no las reabras más con recuerdos dolorosos, con atamientos que tú mismo(a)  buscas. Si fuiste una persona pisoteada, humillada, maltratada, abandonada, mal amada, desvalorizada, etc. deshazte de cualquier sentimiento,recuerda que no hay mal que por bien no venga y solo a los mejores guerreros se les dan las más duras pruebas.

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sábado, 2 de agosto de 2014

En el camino me encontré...

Quise dar un paseo por mí misma, es decir, cogí las maletas y me fui de paseo conmigo, quise ver mi vida como si no estuviera por un instante en ella, quise desprenderme de mis errores, quise ver de cerca la piedra con la que me tropecé, quise verla de cerca para cogerla y lanzarla lejos, y eso fue lo que hice.  
Cansada de sentir que corro mil maratones al día pero termino en el mismo sitio donde empecé, quise ver de cerca mi vida, quise recorrer el sendero que bien o mal yo misma he construido, y así fue como me recibió….  
En el camino encontré, no solo una piedra, encontré miles de baches que me hacían caer en tristezas, todas tenían una lágrima nueva, las mismas que me hicieron darme cuenta que cada lágrima empapaba las páginas de mi historia, por lo que tenía que cambiar la hoja y de nuevo tenía un lienzo en blanco para empezar. 
Seguí caminando hacia atrás, y vi infinitas sonrisas y escenas llenas de felicidad, las contabilicé y son más que los baches que propiciaron mis tristezas, a lo que me preguntó, ¿por qué una tristeza, nos derrumba más que lo que mil sonrisas puede alentarnos a seguir de frente a la vida?, conforme avanzaba, me di cuenta que trataba con una mujer más madura, de convicciones más fuertes, de sentimientos más puros y que poco a poco iba destrozando el miedo a la vida.  
En el camino me encontré con esa pequeña guerrera que nunca paraba de soñar, esa niña, a la que le sobraban sonrisas, la que no albergaba rencor en su corazón, la que se disfrazaba cada día con sus sentimientos, y uso la palabra disfraz, no porque fingiera, al contrario, era tanta su hambre de conocer todo que se ponía la camiseta de lo que iba sintiendo en el camino, si estaba triste, no había nadie más triste que ella, y si era feliz, su alegría era tanta que contagiaba a tres kilómetros a la redonda, esa niña me enamoró con su franqueza, con su sinceridad, con sus ganas por la vida.  
Era una niña llena de miedos, púes inexperta no conocía nada de lo que la vida le tenía preparado, pero eran miedos diferentes, eran unos miedos que se disfrutaban, ella gozaba rompiendo cada uno de esos miedos que le impedían avanzar. Conforme miraba a esa niña me encantaba más su forma de afrontar la vida, por esas ganas que tenía de llegar a vivir en los cuernos de la luna. 
Esa niña me hipnotizó, tardé poco en darme cuenta que ella era yo. Que de esa manera es como he llegado hasta donde estoy, cierto es que he perdido algunas de sus cualidades, pero es porque yo lo he permitido, un poco de énfasis, de control y volveré a ser lo que era.  
De esta manera, me di cuenta que mi camino es tan rico como el de cualquier otro, que no es que esté haciendo las cosas mal simplemente que no pongo atención en las lecciones que la vida me da por aprender. En mi camino no faltaron corajes, frustraciones, rabietas, berrinches, golpes duros de realidad, pero también están las personas maravillosas que me nutren cada día con experiencias cada vez más ricas.  
El punto de mi viaje, era el de ver cada uno de mis errores y deshacerme de una vez por todas de eso que si poder evitarlo me hace sentir mal, y lo único que obtuve fue que me encariñé con cada piedra que he logrado superar, las dejé en su lugar, pues cada piedra es una cicatriz en mi vida, y cada una de ellas es una lección bien aprendida.  
Cuando por fin llegué el final del camino, me encontré conmigo, aún sigo siendo esa niña que vence miedos, que se come el mundo a puños, solo que con mejores tablas, con cimientos más fuertes que evitan fatales caídas. 
Hice un recuento de mi vida, y saboreé de nueva cuenta cada error, me encantó ver cada escalón que he subido por un puesto más grande en el camino de la vida. 
Me quedó una gran y valiosa lección, solo yo puedo juzgarme, solo yo puedo castigarme y solo yo puedo aplaudirme de manera sincera cuando hago las cosas bien, pero sobre todo, por más veces que me defraude, tengo una caja llena de perdón que debo usar responsablemente, tengo que aprender a perdonarme y a perdonar, solo así llegaré con menos traspiés a la cima de la montaña de mi vida.  
 Fui a dar un paseo por mí misma y encontré la plenitud de lo que me falta por conseguir. 
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